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Un dirigente político puede haber aplicado buenas políticas e ir a la cárcel por ladrón o asesino, como puede haber tenido una gestión desastrosa y no haber cometido delito alguno. ¿Cae Fujimori dentro de alguno de estos casos? ¿Robó pero hizo obra?, ¿Mató pero detuvo el terrorismo? ¿O tal vez aplicó políticas malas para el país pero fue personalmente inocente de los crímenes de los que se le acusa?
Fujimori es un personaje muy polémico, que genera sentimientos encontrados. Por un lado, sus políticas han tenido detractores; pero también mucha gente las aplaude hasta hoy. Por otro lado, más allá de las buenas o malas que hayan sido sus políticas, están los hechos mismos en los que el propio Fujimori estuvo involucrado y por los que hoy se encuentra en el banquillo de los acusados.
¿Por qué seguir dándole vueltas a un tema tan manido? Dos razones. La primera: existen muchos análisis pero pocos enfoques integrales, completos, que aborden todos los ángulos del problema; y ese tipo de mirada es el sello que buscamos darle a . La segunda: Fujimori está vivito y coleando. No sólo físicamente, sino también como inspiración en la sociedad peruana.
Lo decimos no por el grupo que sigue tércamente defendiéndole, ya sea por interés o por ceguera. Lo decimos por su orientación política, presente en la alianza privilegiada del actual gobierno con el capital trasnacional. También está su forma de hacer política, que se nota claramente en el tono de “yo soy el rey con mano dura” de Alan García, espíritu que aplauden muchos peruanos que buscan un salvador mesiánico que les resuelva los problemas. |
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Este número de busca presentar una evaluación profunda y seria de Alberto Kenya Fujimori Fujimori y lo que significó para el país. El esfuerzo que hemos hecho por mantener la objetividad es grande: como todos los peruanos, Fujimori cambió nuestras vidas. Sería inútil tratar de esconder que tratamos el tema con sentimientos removidos y que cuesta controlar el insulto. Al mismo tiempo, sentimos que hace falta un análisis integral de sus políticas y de las consecuencias para el país. Fujimori político debe ser juzgado en su contexto histórico pero también desde lo que sus políticas nos dejaron, para bien y para mal.
No se puede extraer de esta evaluación al personaje mismo. El mismo Fujimori, en cuyo gobierno se estabilizó la economía, se acabó con el terrorismo y se firmó la paz con el Ecuador, estuvo comprometido en salvajes asesinatos y multimillonarios robos.
Para muchos sectores de nuestra sociedad, esa contradicción es tan fuerte y tan traumática, que como el caso de la familia que descubre que uno de sus miembros es delincuente, la respuesta de muchos es todavía la terca negación de los hechos.
Pero la solución nunca será seguir como el avestruz escondiendo la cabeza bajo tierra, ni tampoco está en la simple condena de los hechos sin consideración de sus causas y consecuencias. La presentación de una verdad compleja, con un estilo gráfico y narrativo ágil, ha sido nuestro objetivo
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