BLL
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 05
 
¿Qué sacamos de las cumbres?
¿Sólo la inversión extranjera salvará al Perú?
¿Todos ganamos con los TLCs?
¿EEUU, Europa y China son los mismo para el Perú?
 
 
 
 
Portada

Editorial

GLOBALIZACIÓN
El año de las cumbres

AGRICULTURA
Agro peruano y globalización

TRABAJO
Incertidumbres laborales

TECNOLOGÍA
Tecnología ¿más barata con los TLCs?

CAN Y UE
CAN y Unión Europea ¿más allá de un TLC?

COMERCIO
Ni comercio libre ni comercio justo

GLOBALIZACIÓN
Transnacionales ¿los nuevos virreyes?

MERCADO INTERNO
Una década que cambió la economía peruana

REGIONES
Qué es lo que estamos firmando, se preguntan las Regiones

ALTERNATIVAS
Relaciones económicas para un nuevo Perú

Wikipedia
 
 
AGRO PERUANO Y
GLOBALIZACIÓN
La globalización nos alcanza a todos con sus beneficios o perjuicios, pero algunos sectores resultan más afectados. El agro es el sector que más riesgos y problemas afronta, debido a políticas de apertura que no consideran su realidad ni atienden sus carencias. Si la globalización y la liberalización comercial significan para muchos alimentos baratos, la otra cara de la medalla es la ruina del campesino por la competencia desleal de importaciones subsidiadas que debe enfrentar sin apoyo.

Hace muchos años que se desarrollan iniciativas dirigidas a liberalizar el comercio entre las naciones, integrar las economías y crear mercados comunes continentales e intercontinentales. Son procesos extremadamente complejos, con multitud de controversias sobre los más distintos temas, de los cuales el agro es el más conflictivo y el que mejor representa la pugna entre países ricos y pobres, entre la codicia y la necesidad.

Alan Garcia
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Prueba de ello es lo sucedido con la iniciativa de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para un mercado común global, iniciado a fines del 2001 en la Ronda de Doha, pero que hasta ahora no muestra ningún avance sustancial debido a la disputa sobre los subsidios que los países desarrollados, sobre todo Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, conceden a sus agricultores, permitiéndoles producir a precios artificialmente bajos y competir deslealmente con los agricultores de los países pobres. Así, el subsidio a la agricultura de los países desarrollados llegó a US$ 378 mil millones de dólares en el año 2004: seis veces el PBI del Perú.

Lo más grave es que estos subsidios no cesan de incrementarse, como demuestra la comparación de los periodos 1986-1988 y 2002-2004. Por eso, los países pobres son reacios a continuar compromisos de reducción de aranceles y barreras al comercio, especialmente de alimentos.

¿Y QUÉ HAY DEL PERÚ?

“¿Cuántos agricultores se verán aun más empobrecidos y marginados? Los alimentos baratos importados en realidad son veneno para el campesino peruano”.

 

Ante este panorama, uno esperaría que el Perú aplicase políticas de protección y compensación a sus agricultores. Sin embargo, desde los años 90 venimos desmantelando los mecanismos de regulación y protección al agro. El Perú renunció a una serie de medidas de protección permitidas por la OMC, como la salvaguardia especial agropecuaria, los subsidios y otras ayudas internas.

 
TLC PONE EN RIESGO EL AGRO NACIONAL
El ingreso de productos norteamericanos haría desaparecer puestos de trabajo en el agro nacional.
  Población que vive y trabaja en el sector: 2'800,000 Representa el 21% del total de la PEA  
               
               
   

Maiz Amarillo

      Arroz
    193,917 productores         73,095 productores 160,200 puestos de trabajo
    69,700 puestos de trabajo (obreros)   Trigo   Algodón  
        162, 768 productores   27,783 productores  
        24,800 puestos de trabajo (obreros)   37,100 puestos de trabajo  
Fuente: Minag, Cepes, Conveagro, MTPE
 

Por otro lado, nos comprometimos a reducir progresivamente los aranceles, es decir, los impuestos aplicados a las importaciones, mientras países como Estados Unidos no reducían sus subsidios y ayudas internas. Hemos sido más papistas que el Papa, y nuestros agricultores son los perjudicados.

De todos los asuntos relacionados con el agro peruano, ninguno es tan importante como los acuerdos establecido por el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, que ya ha sido aprobado por los congresos de ambos países.

  Entretanto, el apoyo de los países desarrollados a su agricultura sigue creciendo  
           
  Miles de millones en apoyo al agro  
    Subsidios a los consumidores
    Apoyo en servicios generales
    Apoyo directo al productor
 
           
           
           
           
           
           
Fuente: OECD, PSE/CSE database 2005

Para el Perú, la firma del TLC significa aceptar profundos cambios en las normas nacionales y de la Comunidad Andina sobre el régimen de protección a los derechos para la obtención de variedades vegetales, la propiedad industrial y el acceso a los recursos genéticos. Pero los problemas del agro con el TLC van más allá, pues el Perú acepta que los Estados Unidos mantengan enormes subsidios a sus agricultores, mientras desarmamos nuestro sistema de protección, abriendo nuestro mercado a sus productos artificialmente baratos.

Una de las supuestas ventajas que el TLC ofrece al Perú es la entrada masiva de alimentos baratos, que teóricamente beneficia a los consumidores. Pero tal ventaja desaparece cuando se contrasta con la pobreza de millones de agricultores que subsisten abasteciendo al mercado interno, y que sin apoyo del Estado, ni financiamiento, capacitación y recursos adecuados tendrán que competir en desventaja.

  "Nuestro mercado ya está entregado"
Todos los países que han tenido un TLC se han preparado con años de anticipación para enfrentarlo, pero en el Perú no se ha hecho nada.
Las importaciones norteamericanas subsidiadas afectarán productos como el trigo, el maíz, el arroz, así como los aceites, la leche, el azúcar, el algodón, las papas, las carnes y la cebada.
Ese aumento es coyuntural. Nada demuestra que se mantendrá; los precios pueden caer. Además, los subsidios del gobierno norteamericano se mantienen; incluso se ha propuesto aumentarlos.
Absolutamente nada hasta la fecha, salvo lo propuesto por el gobierno anterior sólo para tres productos: trigo, maíz y algodón. Pero ni eso se ha concretado.
Alan Garcia
 
Hay un presupuesto de 112 millones de soles este año, pero no hay estudios ni propuestas de cómo otorgar esas compensaciones. Estamos pidiendo los estudios de impacto a los productos sensibles. Pero el TLC con Estados Unidos no entrará en vigencia hasta el próximo año… Efectivamente, pero el gobierno ha adelantado el TLC al reducir los aranceles drásticamente, incluso en muchos casos ya están en cero. Todos los países que han tenido un TLC se han preparado con años de anticipación para enfrentarlo, pero en el Perú no se ha hecho nada. Ojo, que las mismas ventajas otorgadas a los Estados Unidos se las debemos también al MERCOSUR, de acuerdo al artículo 40 del tratado firmado con ellos.

Nuestro mercado interno ya está entregado con el TLC a los Estados Unidos. Ya todo nuestro mercado está perdido. Ahora debemos buscar que todo lo que producimos tenga libre entrada a todos los países del mundo. En la Unión Europea también es importante lo relativo a la cooperación al desarrollo para que llegue directamente a los productores.

 

 

¿Cuánto podrán resistir? ¿Cuántos agricultores se verán aun más empobrecidos y marginados? Los alimentos baratos importados en realidad son veneno para el campesino peruano.

Se dice que las dificultades del agro debido al TLC se compensarán con creces con el acceso al mercado estadounidense. Esto es una verdad a medias, pues quien disfrutará las ventajas del TLC es un sector minoritario asentado en la agroexportación costeña, que cuenta con recursos agroindustriales, tecnológicos y financieros. Este sector “moderno” representa apenas 80 mil hectáreas (el 3% de la superficie agrícola tradicional) y 50 mil productores. En cambio, el sector tradicional, que encara graves problemas y representa a la mayoría del agro con más de un millón y medio de productores, corre el riesgo de convertirse en el gran perdedor del TLC.

¿QUIÉN GANA Y QUIEN PIERDE?

Para tener idea del impacto que tendrá la política de ultra liberalización comercial y desprotección del agro, conviene ver lo que pasó en México luego de su propio TLC con Estados Unidos y Canadá (TLCAN). Tras diez años de aplicación, los resultados son desalentadores. Si bien el producto del agro mexicano creció globalmente, benefició mayormente a las grandes agroexportadoras, mientras millones de campesinos dedicados a la producción tradicional se empobrecieron. Apenas el 2% de productores tiene capacidad para exportar a Estados Unidos. El agro ha perdido dos millones de empleos y cientos de miles de campesinos han vendido sus tierras y emigrado ante la imposibilidad de competir.

La ampliación de la brecha entre ricos y pobres en el agro mexicano está generando conflictos sociales, como reflejó la multitudinaria marcha convocada por las organizaciones agrarias el 31 de enero del 2008, que paralizó la capital mexicana con cientos de miles de campesinos que reclamaban la renegociación del capitulo agrícola del TLCAN. ¿Es eso lo que les espera a los campesinos peruanos?

ULTRA LIBERALIZACIÓN

El abandono históricamente padecido por el agro se agravó durante los años 90, cuando el régimen de Fujimori adoptó políticas que marginaron aún más a los sectores mayoritarios del agro, y favorecieron a los grandes empresarios agroindustriales.

Alan Garcia
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Estas políticas se han mantenido casi sin variación, primero con Toledo y luego con García, poniendo acento en la exportación agrícola y descuidando a los sectores dirigidos al mercado interno, al grado que la iniciativa principal que el Gobierno tiene para el sector se denomina “Sierra Exportadora” como reflejo de una visión sesgada de la realidad del agro, pues sólo una minoría de productores y tierras de la sierra son aptas para la exportación, pues la fortaleza del agro andino es la producción de panllevar para el mercado interno.

La carencia de una visión integral y estratégica sobre el agro no sólo se refleja en la falta de ideas y propuestas para el desarrollo del sector, sino en el desinterés del Estado por cumplir compromisos como la Carta Verde , suscrita con los principales gremios agrarios (CONVEAGRO, CCP, CNA, entre otros) pero que no ha sido honrada.

Entre los compromisos asumidos estaba combatir las distorsiones en los precios internacionales de los productos agrícolas y no aceptar compromisos onerosos para el agro nacional, según el punto 9 de la Carta Verde: “La defensa de la producción agraria nacional, condicionando los procesos de desgravación arancelaria de los productos agrarios a la implementación de mecanismos permanentes que permitan corregir completamente las distorsiones en los precios internacionales originadas en los subsidios y ayudas que otorgan algunos países a sus productores y/o exportadores”.

Sin embargo, como ya vimos, esto no se cumplió en la negociación del TLC con Estados Unidos.

¿QUÉ LE ESPERA AL AGRO?

La apuesta del gobierno por una ultraliberalización comercial a rajatabla, ha incrementado la vulnerabilidad y dependencia de la economía peruana, especialmente del agro. Precisamente cuando el panorama internacional se enturbia y los países protegen su agricultura como sector esencial, el Perú va a contracorriente, confiando ciegamente en que la globalización sólo generará beneficios y no perjuicios.

Expresión de esta actitud es la masiva rebaja de aranceles decretada a fines del 2007, reduciendo al mínimo la barrera a la importación de productos que compiten con la producción nacional. Sólo en el caso del maíz, la pérdida es de 400 millones de soles.

Otro ejemplo de la carencia de una verdadera visión de desarrollo agrícola se ve en el fervor con que el Gobierno ha asumido la promoción de los combustibles elaborados a partir de maíz, tema controvertido por su negativo impacto ambiental, su efecto sobre la escasez de alimentos y su encarecimiento, y por favorecer la concentración de riquezas en manos de pocos, pues la producción de biodiesel se basa en grandes explotaciones agroindustriales vinculadas a transnacionales.

Palabra de escritor
 
“Los críticos de la globalización acusan a los países occidentales de hipócritas, con razón: forzaron a los pobres a eliminar las barreras comerciales, pero ellos mantuvieron las suyas e impidieron a los países subdesarrollados a
exportar productos agrícolas”
Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, El malestar en la globalización.

Nada de esto ha sido considerado por el gobierno, que otorga rebajas y exoneraciones de impuestos, facilita préstamos y tierras irrigadas con recursos de los peruanos a los afortunados inversionistas, que producirán combustibles para exportar a los mercados del primer mundo, acaparando tierras y recursos que podrían dedicarse a cultivos con mayor impacto económico y social para el Perú.

EN RESUMEN

La globalización es compleja y combina beneficios y perjuicios. Esto es especialmente valido para un sector tan particularmente sensible como el agro, que por ello merece atención especial en las políticas de Estado. Sin embargo, actualmente poca o ninguna atención se presta a los problemas históricos del agro peruano, hoy más graves en un contexto de globalización, competencia despiadada y ascenso de los grandes poderes transnacionales. Como en el pasado, el agro peruano comprueba que el Estado sólo ve el árbol, y se niega a ver el bosque.

¿QUÉ HACER?

Una alternativa es el desarrollo de asociaciones productivas que saquen provecho de nuestras fortalezas y permitan al campesino peruano competir. Un ejemplo es que en la sierra de Piura se ha constituido, ya hace varios años, la Central Piurana de Cafetaleros- Cepicafe. Se trata de un gremio de productores de la sierra: 2,584 familias organizadas para la producción de café orgánico de exportación. Cepicafe es, sin duda, una experiencia exitosa de negocio. Durante el 2006, exportó por un valor aproximado de US$ 5 millones. El 72% de su producción cuenta con certificación orgánica, y el 24 % está en camino de obtenerla, lo que permite que accedan a un mercado especial, altamente competitivo, donde se exige calidad y se paga por ella. Los productores están haciendo un buen negocio y, para eso, no pidieron ningún tratado de libre comercio o que el Estado renunciará a regular la inversión extranjera.

 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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