BLL
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 05
 
¿Qué sacamos de las cumbres?
¿Sólo la inversión extranjera salvará al Perú?
¿Todos ganamos con los TLCs?
¿EEUU, Europa y China son los mismo para el Perú?
 
 
 
 
Portada

Editorial

GLOBALIZACIÓN
El año de las cumbres

AGRICULTURA
Agro peruano y globalización

TRABAJO
Incertidumbres laborales

TECNOLOGÍA
Tecnología ¿más barata con los TLCs?

CAN Y UE
CAN y Unión Europea ¿más allá de un TLC?

COMERCIO
Ni comercio libre ni comercio justo

GLOBALIZACIÓN
Transnacionales ¿los nuevos virreyes?

MERCADO INTERNO
Una década que cambió la economía peruana

REGIONES
Qué es lo que estamos firmando, se preguntan las Regiones

ALTERNATIVAS

Relaciones económicas para un nuevo Perú

Wikipedia
 
 
NO COMERCIO LIBRE
NI COMERCIO JUSTO
Según Joseph Stiglitz, premio Nóbel de Economía en el 2001, los TLC con Estados Unidos “no aseguran el libre comercio debido a que el principio que rige la
filosofía del gobierno norteamericano es que los productores de este
país gocen de mejores condiciones que las de cualquier otro.” Se trata de
una dramática reflexión que debería ser analizada con mayor cuidado.
Alan Garcia
 

Para los EE.UU. “la expansión del comercio internacional es vital para la seguridad nacional” y “los acuerdos comerciales maximizan las oportunidades para los sectores críticos y piedras base de la economía de los Estados Unidos, como el de tecnología de la información, telecomunicaciones, industrias básicas, equipo de capital, equipo médico, servicios, agricultura, tecnología ambiental y propiedad intelectual.

El comercio creará nuevas oportunidades para los Estados Unidos y para preservar la fuerza de los Estados Unidos en los asuntos económicos, políticos y militares.” (sección 2101 del Trade Act).

Un acuerdo no puede resultar de una imposición en base a las relativas posiciones de fuerza.
 

Por eso, cuando una empresa supera a las norteamericanas, se asume que “se envolvió en alguna práctica desleal”. Esto justifica la instrumentación de prácticas proteccionistas como las tomadas con el pretexto del antidumping. Aunque algún pequeño país pudiera en principio adoptar medidas proteccionistas contra los EE.UU., según Stiglitz “existe una asimetría total en términos de poder” que hace difícil su eficacia.

Además, ni Estados Unidos ni la Unión Europea someten a negociación el tema de los subsidios agrícolas en las negociaciones bilaterales y lo hacen con mucha reticencia en la OMC. A pesar de que los subsidios constituyen una forma de comercio desleal y que afirman ser los campeones de la competencia y el mercado libre, los países desarrollados no los han desmantelado. En el caso del algodón, Estados Unidos los mantiene a pesar de haber perdido un juicio entablado por Brasil en el marco de la OMC.

TAMPOCO ES JUSTO

  Divide y vencerás

Los TLC propuestos por los Estados Unidos no son sólo económicos. Son también un acuerdo político. El gobierno de Bush ha privilegiado la acción unilateral, atropellando espacios multilaterales de concertación –incluyendo las Naciones Unidas, en casos como la guerra a Iraq–, y violando derechos humanos protegidos por convenios internacionales, como en el caso de las detenciones ilegales en Guántanamo. Sólo que su estrategia de imposición militar ha fracasado.

En la misma línea de imposición unilateral y desconocimiento de espacios multilaterales se inscriben los TLC, que se hacen al margen y socavando el espacio de negociación de la OMC, y buscando romper organismos de integración regional como la CAN. Estados Unidos tiene mucha más fuerza para imponer sus condiciones negociando uno por uno que en bloque.

La única forma de promover reglas económicas y comerciales internacionales más justas, así como de construir un mundo más seguro, es en espacios multilaterales. Eso es justamente lo que los Estados Unidos rompen con los TLC.

 

Sin embargo, aunque la eliminación de los subsidios agrícolas y la prohibición de las medidas antidumping hubieran sido parte de la negociación del TLC, el libre comercio no implica, necesariamente, comercio justo. Durante la inauguración de la IV Cumbre Presidencial de las Américas, en Mar del Plata, noviembre de 2005, el entonces presidente de Argentina, Néstor Kirchner, explicó esta diferencia: “Los acuerdos de integración comercial deben contemplar salvaguardas y compensaciones para los que sufren atrasos relativos, de modo que el acuerdo no potencie sus debilidades (…) Un acuerdo no puede resultar de una imposición en base a las relativas posiciones de fuerza (…)

A la hora de analizar el sistema de comercio internacional, subsidios agrícolas o barreras arancelarias, hay que tener en cuenta las asimetrías y los diferentes grados de desarrollo. Porque la igualdad es un concepto valioso y necesario, pero sólo aplicable a los que son iguales.

Igual tratamiento para los diferentes; igual tratamiento entre países poderosos y débiles; igual tratamiento entre economías altamente desarrolladas y economías emergentes, no sólo es una mentira sino que, además, resulta una trampa mortal. Trampa mortal. Trampa que primero atrapa y afecta a los débiles, pero que luego de un modo u otro, también termina llegando a los poderosos.”

De una lógica impecable como ésta deriva la concepción del Trato Especial y Diferenciado –en la misma OMC– cuando hay acuerdos comerciales entre países muy desiguales. En ese mismo sentido, el Director General de la OMC, Pascal Lamy –El Comercio. Lima, 17 de mayo de 2006–, considera que los TLC son instrumentos poco justos y equilibrados para las economías más débiles. “Nadie puede negarme que Estados Unidos, la Unión Europea y China, con sus grandes mercados y grandes recursos, tienen condiciones más cómodas a la hora de negociar con un país pequeño. (…) “Necesariamente existe un desequilibrio... y el país pequeño aceptará condiciones menos justas que las que se negocian de manera multilateral en la OMC”, insistió durante un encuentro con periodistas latinoamericanos.”

 
  TLC versus derechos humanos

En las negociaciones sobre la propiedad intelectual y las patentes, los Estados Unidos y los países desarrollados buscan ampliar el monopolio de las trasnacionales farmacéuticas, aunque sea al costo de elevar los precios de las medicinas y afectar el derecho a la salud y a la vida de los más pobres.

No puede entenderse el desarrollo sin considerar como un elemento fundamental del mismo el respeto a los derechos humanos, incluyendo a los derechos económicos, sociales y culturales. Estos derechos están sustentados en múltiples tratados internacionales suscritos por el Perú, que estamos obligados a cumplir.

Pero la lógica de los TLC no considera los derechos humanos, sino solamente la lógica económica y comercial. Los TLC no consideran el impacto que la ampliación de los derechos comerciales puede tener en el desarrollo social, la calidad de vida de las personas, la seguridad pública y alimentaria, entre otras.

Mediante los TLC los países suscriptores terminan por reconocer a las empresas derechos comerciales que recortan la capacidad reguladora de los Estados y limitan la capacidad de cumplimiento de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), que son considerados como los principales “sobrecostos” y límites a los privilegios del capital.

Pero el Artículo 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos establece que “Los Estados partes se comprometen a adoptar providencias, tanto a nivel interno como mediante la cooperación internacional, especialmente económica y técnica, para lograr progresivamente la efectividad de los derechos que se derivan de las normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos, reformada por el Protocolo de Buenos Aires, en la medida de los recursos
disponibles, por vía legislativa u otros medios apropiados”.

La contradicción entre los principios de los derechos humanos y los nuevos alcances contenidos en los TLC debe resolverse. La confrontación entre dos sistemas en el ámbito internacional –el de protección de los Derechos Humanos y el de los derechos comerciales–, puede derivar en que las obligaciones devenidas de los acuerdos de libre comercio se impongan sobre las de protección de los derechos humanos.

Resulta fundamental que se afirme la preeminencia de los derechos humanos y sus mecanismos de protección, para que no sean postergados tras la asunción de nuevas obligaciones internacionales derivadas de los procesos de integración económica bilaterales. Los derechos humanos van primero.

En el Acuerdo CAN – UE, se incluye una cláusula democrática que supone la garantía de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esta no debe ser solamente declarativa; deben existir mecanismos de seguimiento a la garantía de derechos en el marco de los acuerdos, así como estudios del impacto de la apertura comercial en el goce de derechos.

 
 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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