Solemos olvidarnos de ella mientras no
haya problemas. Permitimos que la
contaminación ambiental, los accidentes de
tránsito, y el trabajo en malas condiciones
la pongan en peligro. La agredimos con el cigarro, el abuso de alcohol, la mala alimentación y
una vida sedentaria y llena de estrés.
El Estado peruano la ningunea: su presupuesto
es uno de los más bajos de Latinoamérica. En los
colegios, es casi como si no existiera. Los medios de
comunicación recién empiezan a considerarla, pero el
canal estatal no le dedica programa alguno.
La mayoría no tiene seguro de salud. Cuando la
perdemos, el drama de conseguir la plata para los
análisis, las placas radiográficas, las medicinas y las
operaciones, puede ser terrible. El ganapán de la
familia no puede trabajar y traer para “el diario”, y
hay muchos gastos por hacer. Si es mucha plata, hay
que recurrir a la colecta entre familiares y amigos. O
resignarse.
Siete mil centros y puestos de salud. Más de un
centenar de hospitales públicos. Pero las medicinas
escasean. Los médicos en las zonas rurales, también.
La gran mayoría no sabe hablar quechua o el idioma
de la zona, ni conoce las costumbres locales. El horario
es reducido, las colas son largas. La calidad de la
atención deja mucho que desear: a veces, enferma en
vez de curar.
Miles de promotores por todo el país.
Agrupaciones de pacientes que ahora forman una
red nacional. Grupos de ayuda mutua. Asociaciones
de “tebecianos”. Decenas de miles de médicos, con
su colegio profesional y federaciones. Enfermeras,
técnicos y trabajadores, agremiados en colegios
y federaciones. ONGs promotoras de la salud
comunitaria. Una gran red de la sociedad civil:
ForoSalud.
La salud. Un sector atrasado y deficitario en el
desarrollo nacional. Un tema al que no le prestamos
mucha atención, pero en el que hay cientos de miles
trabajando, apoyando, promoviendo, empujando. Un problema que debemos conocer y atender.