Bajo La Lupa
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 11
 
Las mujeres y el poder
La exclusión de la mujer rural
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?
 
 
 
 
Portada

Editorial

MOVIMIENTO DE MUJERES
De la olla común al Foro Social Mundial.

MUJERES AFROPERUANAS
Crónica del racismo.

VIOLENCIA
El golpe de cada día.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN
¿Rubias potoncitas o morenas sexys 90-60-90?.

DERECHOS SEXUALES
El derecho a decidir: seno y reproducción.

ESPECIAL
Plataforma Nacional de la Mujer Peruana.

EDUCACIÓN
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?.

MUJERES RURALES
La exclusión de la mujer rural.

DISCRIMINACIÓN LABORAL
Mujeres y trabajo: lejos de la equidad.

MIGRACIÓN
Perú, país exportador ... de mujeres.

REPRESENTACIÓN POLÍTICA
¿Poder femenino?.

POLÍTICAS DE ESTADO
Políticas públicas: Pocos avances, mucho por hacer.

Wikipedia
 
 

DE LA OLLA COMÚN
AL FORO SOCIAL
MUNDIAL

El movimiento de mujeres ha tomado una dinámica impresionante, que lo ha llevado a importantes conquistas en apenas dos décadas y en diversos campos, incluido el social.

En los últimos 20 años, en el Perú como en el resto de América Latina, se han dado importantes medidas a favor del reconocimiento y ejercicio real de los derechos por parte de las mujeres y grupos con opciones sexuales diferentes.

  El Movimiento Latinoamericano de Mujeres en el Foro Mundial 2009

Desde el primer Foro Social Mundial, realizado en 2001, el Movimiento de Mujeres de América Latina ha estado presente llevando propuestas al debate y la reflexión. En el octavo Foro, que se llevó a cabo en enero de este año, dos representantes hablaron a nombre de los movimientos sociales frente a los presidentes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Paraguay, uno de ellos fue Magdalena León, de la Red Mujeres Transformando la Economía.

Estos son los desafíos identificados por el movimiento social de mujeres en este momento de “transformaciones inéditas”, con los que ella interpeló a los mandatarios nombrados: ..

Los gobiernos presentes y los movimientos sociales somos parte de un mismo proceso de cambio, tenemos que avanzar en innovaciones y aprendizajes conjuntos, inventar otros mecanismos y marcos institucionales para encauzar las energías sociales de cambio. Única posibilidad cierta de proyectar una salida real del neoliberalismo. ..

Avanzar sustancialmente hacia un cambio de modelo, un cambio estructural. Ese otro modelo que el mundo entero reclama tiene en América Latina importantes insumos: las visiones y prácticas del ‘buen vivir’ o ‘vivir bien’, ya plasmadas en las constituciones de Ecuador y Bolivia; la diversidad de un tejido económico, protagonizado especialmente por mujeres en el campo y las ciudades, base de la otra economía; el valor de la pluri-nacionalidad, las experiencias que prueban la vigencia y potencia de los principios de solidaridad y complicidad en la relación entre los pueblos. ..

La integración alternativa que se torna en un medio para transformar el modelo, para que los pueblos transformen su vida, logren vencer desigualdades e injusticias y construir una economía para la vida... En el camino hacia otra América Latina, hacia otro mundo.

 

Aun queda mucho por hacer, pero entre otras, en 1993, se dio Ley contra la Violencia Familiar y en 2003, la Ley de Igualdad de Oportunidades, entremedio, se crearon las Comisarías de la Mujer, la Adjuntía para los derechos de la Mujer en la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la  Mujer (PROMUDEH, luego MIMDES).

Estos logros no cayeron del cielo: son el resultado de la acción persistente y concertada de un conjunto de organizaciones sociales, mayormente conformadas por mujeres, que a través de  movilizaciones callejeras, festivales y campañas ante los medios, por un lado, y la generación de propuestas técnicas y políticas, acciones de incidencia y dialogo con dirigentes políticos, congresistas y altos funcionarios, por el otro, han logrado que el tema de los derechos de las mujeres se ponga en agenda, que se visibilice la discriminación y que se considere inaceptable el recurso a la violencia para coaccionar a las mujeres, al igual que lo es su tratamiento ante la ley como menores de edad que requieren la tutela de un varón o de instituciones protectoras como la Iglesia.

Forja de líderes
El movimiento social de mujeres emerge desde mediados del  70 y se forja a lo largo de los 80, a través de un proceso amplio y diverso de organización autónoma de las mujeres en diversos sectores. En el movimiento sindical, principalmente en ramas donde prevalece el empleo femenino como confecciones, ensamblaje electrónico y laboratorios;  en servicios, en los gremios de  enfermeras, maestros y telefonistas. También en el sector minero y campesino, pero sobre todo en los barrios urbano populares de las ciudades, se multiplican las organizaciones de mujeres en torno a los programas gubernamentales que buscan paliar los efectos empobrecedores de la crisis económica (1977 -1983) y las políticas de ajuste.

Es así como se forman innumerables comités de vaso de leche, clubes de madres y  comedores populares que, además de viabilizar los programas asistenciales del Estado, abren a sus integrantes oportunidades de desarrollar habilidades organizativas y de representación publica.

Ubicándose como importantes actoras políticas, resultado de un esfuerzo importante de articulación y centralización de sus organizaciones, en el cual contaron con el apoyo activo de las organizaciones feministas, conformadas mayormente por mujeres de sectores medios con experiencia de militancia en los partidos de izquierda. Estas se encargaron de tender lazos con las organizaciones de mujeres de los países vecinos y del resto del mundo, aportando a la construcción de un movimiento latinoamericano de mujeres y del movimiento mundial feminista. 

Alan Garcia

Transformación constante
La década de los 90 deja a  las organizaciones de mujeres muy debilitadas en el Perú: la agresión combinada de los terroristas – cuya persecución a las dirigentas encuentra su más dolorosa expresión en el asesinato de Maria Elena Moyano, su cuerpo dinamitado en un evento publico de repudio a la violencia como medio legitimo para lograr los cambios que requiere el país- y la política de coactar del gobierno de Fujimori, que corrompe y subordina a las dirigentas mediante prácticas clientelistas y parroquiales.

No obstante la debilidad organizativa y perdido de autonomía, las mujeres forman parte e impulsan, con otros, nuevos movimientos ciudadanos por la restitución de derechos, como las organizaciones de familiares de desparecidos y victimas de la violencia, el movimiento  “Lava la Bandera”, el colectivo manos limpias.

Y así, en esta década difícil de resistencia y lucha contra la corrupción, el movimiento de mujeres se va transformando, revisando sus reivindicaciones y propuestas, ampliándolas y haciendo de ellas públicas ante todos los hombres y mujeres que sueñan con una buena vida, con vivir en una sociedad  justa, tolerante, inclusiva, que no sólo tolere sino celebre la diversidad.

 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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