Bajo La Lupa 11
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 11
 
Las mujeres y el poder
La exclusión de la mujer rural
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?
 
 
 
 
Portada

Editorial

MOVIMIENTO DE MUJERES
De la olla común al Foro Social Mundial.

MUJERES AFROPERUANAS
Crónica del racismo.

VIOLENCIA
El golpe de cada día.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN
¿Rubias potoncitas o morenas sexys 90-60-90?.

DERECHOS SEXUALES
El derecho a decidir: seno y reproducción.

ESPECIAL
Plataforma Nacional de la Mujer Peruana.

EDUCACIÓN
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?.

MUJERES RURALES
La exclusión de la mujer rural.

DISCRIMINACIÓN LABORAL
Mujeres y trabajo: lejos de la equidad.

MIGRACIÓN
Perú, país exportador ... de mujeres.

REPRESENTACIÓN POLÍTICA
¿Poder femenino?.

POLÍTICAS DE ESTADO
Políticas públicas: Pocos avances, mucho por hacer.

Wikipedia
 
 
CRÓNICA DEL RACISMO
El racismo en el Perú tiene como característica principal la agresión y el acoso racista que subsiste en nuestra sociedad, además del machismo obsceno y descarnado.
 
 

El movimiento de mujeres ha tomado una dinámica impresionante, que lo ha llevado a importantes conquistas en apenas dos décadas y en diversos campos, incluido el social.

Escribe: MÓnica Carrillo
 

31 de enero 2006, 5:00 pm. Salí a comprar detalles para mi ajuar de fiesta de fin de año. Caminando por el parque Kennedy me cruzo con un niño de la mano de su padre. Este me apunta con el dedo y dice: "Cuco, cuco ¿estás viendo al cuco? El niño responde con una carcajada:"¡Papá,  ella está quemada!".

Alan Garcia

6:00 pm. Llego al mercado de  Jesús María. Mientras camino diviso a dos hombres.  Se detienen impidiéndome el paso. "¿Eres africana?" preguntan, "El doctor me dijo que las negras como tú son la mejor medicina porque saben hacer felices a los hombres”.

6:05 pm. Un grupo de vendedoras se ríen mientras paso. Una de ellas le dice como burla a la otra " Ahí viene tu hermana", la otra le contesta "¿Estás loca?, será la tuya, ja".

6:10 pm. Camino más rápido para encontrar lo que necesito y regresar pronto a casa. Un taxista empieza a seguirme. Abre la puerta y me invita a subir "Negra, sube", dice. Le contesto defensiva. "Deberías agradecer que miro a una mujer como tú", responde. 

5 de febrero 2009, 10:40 pm. Luego de una extenuante jornada en LUNDU planificando nuestras acciones  contra el racismo y explorando maneras creativas de enfrentar el problema, recordé que no había almorzado ni cenado. Salgo a comprar comida. En la avenida Diagonal, un adolescente  me grita "¡Negra!", su gesto que me hizo pensar que incluso iba a escupirme. Me detengo. El no corre. Medito. Sigo mi camino.

El racismo en el Perú tiene como característica principal la injuria racista: el agresor siente que tiene el derecho de agredir sin tener sanción legal ni moral.

 

10:42 pm. Una cuadra después,  un  comensal instalado en un café me mira y grita "¿De que tribu has salido?". Casi me detengo. Medito. Continúo.

10:47 pm. Por el Parque Kennedy, dos hombres me miran y uno de ellos grita burlonamente "¡Negrita rica!". No paro. Sigo de frente sin voltear.

10:55 pm. Dos hombres en la puerta de una cadena de hamburguesas mirando hacia la calle. Siento la tensión. Me preparo para el golpe. Uno codea al otro, dice  "Hey, mira a la morena". Son más discretos y sólo silban.

11:10  pm. Borré de mi mente lo que pasó entre las 10:55 pm y las 11:10. No narraré lo que cinco personas más me gritaron, dijeron y susurraron. Volviendo a casa, un auto me toca el claxon desde lejos, da la vuelta a la manzana, me encuentra en el cruce de calles. Se detiene y dice "¿Quieres que te lleve?". Es la onceava persona que me agrede. Me abalanzo hacia el carro con la esperanza de que se vaya o -aunque no sea "políticamente correcto"-  pueda destruirle una luna y hacer que desaparezca. El desprecio del sujeto hacia mí se aviva:"No te hagas la disforzada... A las negras como tu les gusta que le den por el culo (sic)".
  
11:40pm. Llego a casa. Hace tiempo que no sentía tanta desesperación por ser protegida. Estaba sola. Prendí una vela amarilla ante  la foto de mi tatarabuela Dalia Farfán. Me enrosqué abrazándome a mi misma anhelando dormir pronto.

Al otro día esperaba seguir planificando acciones para promover la lucha contra el racismo y pensar en proyectos que permitan que los afroperuanos rescatemos nuestra condición humana y podamos crear propuestas que nos permitan trascender de la determinación que esta lucha tiene en nuestras vidas. Si bien ese tipo de agresiones son cotidianas empecé a pensar si habría sucedido algún eclipse o situación particular con la energía de la luna, para que haya llegado ese nivel tan aberrante e infernal de acoso en poco más de una hora. Concilié el sueño a las 2 de la mañana.
    

Buscando explicaciones
El racismo en el Perú tiene como característica principal la injuria racista: el agresor siente que tiene el derecho de agredir sin tener sanción legal ni moral. El racista -como dice Marcel Velásquez-  actúa como el "sujeto esclavista", utilizando referencias colonialistas que refuerzan el recuerdo de su condición de nobles, dueños, amos y la condición “natural” de los afrodescendiente como sirvientes y esclavizados.

El “sujeto esclavista” considera que una mujer afrodescendiente debe ser servil y sonreír ante una agresión sexual y a la vez desenfadada y belicosa para complacer sus requerimientos sexuales. Racismo y sexismo han estructurado nuestra sociedad 

Explorando soluciones
Mi madre me enseñó a leer a los dos años y antes de los cinco, el arte de la poesía y declamación como una manera de siempre hablar bien y defenderme de las agresiones racistas. Las memorias de mi niñez y las memorias ancestrales que no fueron vividas pero si escuchadas o sentidas se convirtieron en una puesta en escena.

Exploré soluciones. Desde los discriminados, el racismo endógeno conlleva asumir todos los prejuicios que la sociedad tiene hacia los afroperuanos. En el turismo sexual en nuestras comunidades, no es el dinero el problema, sino la obligación que sienten los afroperuanos - especialmente las mujeres- de satisfacer los requerimientos sexuales de los visitantes. El arte como metodología de transformación ofrece importantes resultados: cuando apelamos a esta memoria avasallada, a la dimensión subjetiva, abrimos canales para entender y procesar el racismo que a su vez sirven para entender el sexismo y la homofobia.

Este proceso subjetivo genera capacidades para la etapa propositiva; sea a través de una plataforma política y relaciones con los movimientos de mujeres y de derechos humanos; sea con propuestas culturales que trasciendan lo que la cultura hegemónica determina para los afroperuanos.

Cuando nos enfrentamos al racismo tenemos varias opciones: reirnos, hacer lo posible por blanquearnos y "mejorar la raza", responder con violencia, organizarnos.

Reconciliarse con las fuentes de poder avasalladas por el racismo, recuperar lo erótico como poder, propone Audre Lodre; sentir nuestro cuerpo como territorio de libertad y autonomía, ennegrecer el feminismo dicen Rocío Muñoz, Sueli Carneiro.

La dimensión política y racional  busca explicaciones históricas al racismo y respuestas ante quienes agreden. Pero esas repuestas no siempre son posibles. El martirio sicológico de detenerse cada 5 minutos para discutir con el agresor es tan demoledor como seguir de largo, esperando que la otra parte de la vida militante y organizativa pueda alcanzar a la vida que discurre diariamente después de la jornada de trabajo.

La indignación y la desesperación pueden llevarnos a la confrontación física y al riesgo de recibir una agresión mayor. También nos obliga a politizar todos los aspectos de nuestra cotidianidad,  hasta en los más íntimos momentos donde queremos bajar la guardia y ser tan sólo seres humanos.

Es  25 de febrero del 2009, son las 7:26pm. Terminé este artículo y me dispongo a ir a casa. Preparada para sonreír a quienes lo hacen conmigo, para responder a quienes agredan o hacer de oídos sordos si estoy cansada. Soy una mujer afroperuana, que encarna la historia de mis ancestros, compañeras y niñas que han vivido y siguen viviendo historias mucho más violentas, de las cuales ahora mi actual vida de oficina, viajes y militancia me aleja en alguna medida. Es ahora por Sheyla del Callao, por  Pollet de El Carmen. Por ellas y mis ancestros me regerminaré y recrearé con sus memorias, cada nuevo día o noche, para alcanzar la reparación que, bajo la lupa de estos tiempos postmodernos, nos toca por derecho y sin concesiones.

 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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