Bajo La Lupa 11
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 11
 
Las mujeres y el poder
La exclusión de la mujer rural
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?
 
 
 
 
Portada

Editorial

MOVIMIENTO DE MUJERES
De la olla común al Foro Social Mundial.

MUJERES AFROPERUANAS
Crónica del racismo.

VIOLENCIA
El golpe de cada día.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN
¿Rubias potoncitas o morenas sexys 90-60-90?.

DERECHOS SEXUALES
El derecho a decidir: seno y reproducción.

ESPECIAL
Plataforma Nacional de la Mujer Peruana.

EDUCACIÓN
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?.

MUJERES RURALES
La exclusión de la mujer rural.

DISCRIMINACIÓN LABORAL
Mujeres y trabajo: lejos de la equidad.

MIGRACIÓN
Perú, país exportador ... de mujeres.

REPRESENTACIÓN POLÍTICA
¿Poder femenino?.

POLÍTICAS DE ESTADO
Políticas públicas: Pocos avances, mucho por hacer.

Wikipedia
 
 
EL GOLPE NUESTRO
DE CADA DÍA

Son estremecedoras las cifras sobre la violencia física psicológica y emocional hacia la mujer, indistintamente de su condición social o económica. Lo peor es que este maltrato se está convirtiendo en casi un hábito en nuestra realidad.

  Obstáculos de la justicia

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) recogió 538 testimonios de violación sexual, de ello 527 eran de mujeres. Con la entrega de su Informe Final, se iniciaron dos procesos paralelos y complementarios, el de judicialización de graves violaciones a los derechos humanos y el de las reparaciones. En ambos, las mujeres víctimas de violencia sexual se enfrentan a una serie de obstáculos para alcanzar justicia.

Persiste la reticencia del Ministerio Público a formalizar las denuncias de violaciones de derechos humanos y, de 103 casos judicializados, sólo ocho han sido sentenciados.

Las víctimas de las violaciones se encuentran ante un sistema que las re-victimiza, desconfían de su palabra, cuestionan su comportamiento sexual, las someten a procesos largos en los que el agresor pocas veces es sancionado adecuadamente y no les brindan el apoyo legal gratuito ni la contención emocional necesaria . A ello se suma el dolor y la vergüenza, el temor a ser estigmatizadas: algunas indican que quisieran denunciar pero sin que sus parejas, sus familiares y su comunidad se enteren.

La agenda pendiente involucra principalmente al Poder Judicial pero también al Ejecutivo y al Legislativo. Desde Octubre 2006, la Defensoría del Pueblo viene recomendando la creación de una Unidad Especializada en la Defensa Legal de las Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos y sus familiares con cobertura nacional. El Poder Judicial requiere presupuesto para establecer más fiscalías especializadas en materia de derechos humanos con dedicación exclusiva a estos casos y para capacitación sistemática en materia penal y de derechos humanos.

El Congreso tiene pendiente, desde hace cinco años, la adecuación del Código Penal al Estatuto de Roma que reconoce a la violencia sexual como delito de lesa humanidad. Ello daría un fuerte mensaje para evitar que se repitan los hechos. El Registro Único de Víctimas a nivel nacional no puede completarse por escasez de presupuesto: de 250,000 víctimas individuales estimadas sólo se ha registrado a 25,000. Además, el RUV está haciendo invisibles a las víctimas de violencia sexual: sólo ha registrado 60 casos hasta la fecha. Tampoco se cuenta aún con propuestas de reparación específicas para estos casos. Esta omisión es particularmente grave si se toma en cuenta que el sentido de estas reparaciones es: “la transformación de las injusticias socio-culturales y desigualdades políticas y estructurales que inciden en la vida de las mujeres y las niñas; no bastan la reintegración y la restitución en sí como objetivo de las reparaciones, ya que los orígenes de las violencia contra las mujeres y las niñas anteceden a las situaciones de conflicto”.

 

Bofetadas, empujones, jalones de pelo, puñetazos, patadas, golpes con bastones, porras, latigazos, quemaduras, amenazas y uso de cuchillos, pistolas u otros objetos… Aunque suene exagerado, este es el día a día de miles de mujeres en el mundo.


El Perú no es una excepción. Una de cada dos mujeres peruanas alguna vez unidas, habría sufrido violencia física por parte de sus parejas. Una de cada cuatro mujeres en Lima y una de cada dos en Cusco reportaron además haber sufrido violencia sexual.

Es decir, que se las forzó a hacer actos sexuales contra su voluntad, o a participar en relaciones sexuales no deseadas mediante el uso de la fuerza, amenazas o  coerción, e intimidación psicológica.


Son muchas más las que en vez de o además, sufren violencia psicológica o emocional: abuso con palabras, amenazas, insultos, comentarios degradantes, lenguaje sexista…

Sin distinción social

Esta grave violación de sus derechos humanos es sufrida por mujeres de todos los sectores socio-económicos o clases, sea cual fuere su actividad o nivel educativo: amas de casa, trabajadoras informales, funcionarias o mandos medios.

En la mayoría de los casos, el autor de tales maltratos es un varón conocido, pareja habitual o casual, ex- pareja, padre, tío, cuñado... Y, lo más preocupante, lejos de tratarse de un hecho aislado, la violencia familiar contra las mujeres sigue un patrón de maltratos continuos, es decir, se ejerce con frecuencia, se convierte en un hábito.


¿Por qué ocurre esto? Sin duda porque aun está muy difundida la noción de que las mujeres son seres inferiores a los hombres, que requieren ser cuidadas y protegidas, pero también castigadas si se resisten a obedecer.


Y si bien esas nociones hoy son consideradas inaceptables y son muchas las leyes y programas, nacionales e internacionales, destinadas a combatirlas, aún no se logra cambiar a las instituciones y las personas responsables de llevar a la práctica los cambios. La impunidad es uno de los factores más importantes para explicar la persistencia de la violencia contra las mujeres hoy.  

Freno a la violencia

El  movimiento de mujeres ha venido exigiendo cambios en las leyes y adelantando propuestas para frenar la violencia contra las mujeres, desde hace tres décadas. En 1988 se logró la creación de la primera Comisaría de la Mujer, en Lima.

Alan Garcia

A partir de 1992 se abrieron Comisarías de Mujeres en Trujillo, Chiclayo, Cajamarca y las principales ciudades del país. Éstas cuentan con personal  especialmente entrenado para recibir denuncias sobre maltratos de pareja y brindar asistencia jurídica, psicológica y social a las víctimas.

Al año, reciben cerca de cinco mil denuncias: una cifra pequeña comparada al número real de victimas: según estudios de la  Organización Mundial de la Salud, sólo una de cada 4 mujeres víctimas de violencia en el Perú presenta una denuncia. Pese, pues, a que se han logrado algunos avances significativos, los procedimientos vigentes aun limitan el acceso efectivo a la justicia y son muy pocas las denuncias que llegan hasta el juicio y obtienen una sentencia favorable a la denunciante.

En el conflicto armado

La violencia golpea de manera particular a las mujeres en los conflictos armados: sus hijos, esposos, padres se van yendo, en forma voluntaria u obligados, y ellas se ven compelidas a asumir solas el cuidado y la manutención de sus familias, huir o  esconderse, buscar a sus seres queridos, enfrentar a autoridades hostiles para saber sobre los desaparecidos…  Pero además las mujeres son vistas como botín de guerra y se tornan en objeto sistemático de violaciones y violencia sexual.

En los últimos años, se ha evidenciado el creciente recurso a la violencia de género como estrategia de guerra premeditada. Las mujeres y las niñas son buscadas y violadas sabiendo que el daño que se les causa no solamente las lastima a ellas, sino que afecta profundamente a su comunidad. Como señala en un informe Amnistía Internacional: "la batalla entre hombres también se libra en los cuerpos de las mujeres".

Se constata también que post-conflicto, la violencia de género continúa e incluso se acrecienta en las comunidades afectadas. Se alude como explicación a que los hombres están llenos de agresividad contenida y requieren descargar tensiones.

La impunidad se erige como un poderoso impedimento para lograr cambios significativos en este terreno y requiere ser abordada en el más corto plazo.

PARA SABER MÁS…

Guezmes, Ana; Palomino Nancy; Ramos Miguel.
Violencia Sexual y Física contra las
Mujeres en el Perú.
Organización Mundial de la Salud, Universidad Cayetano Heredia y CMP. Flora Tristán; 2002.

  Feminicidio: Hasta dónde
pueden llegar los agresores

Las consecuencias para las mujeres que sufren violencia en razón de su género, sea ésta física, sexual o psicológica, son tan graves que hoy se lo considera un problema de salud pública. Entre otras: lesiones, discapacidad, embarazo no deseado, depresión, ansiedad, disfunción sexual, desordenes alimentarios, baja autoestima, VIH-SIDA, estrés post-traumático, deficiencias en el desarrollo personal.

Los daños pueden ser de tal magnitud que conduzcan a la muerte. También hay agresores que deciden causar la muerte de la mujer: así se configura el feminicidio, la forma extrema e irreparable de violencia directa contra la mujer.

El término, acuñado por el movimiento feminista, visibiliza los crímenes cometidos directamente contra la vida de mujeres en razón de su condición de mujeres, es decir, que se producen en contextos sociales y culturales donde lo femenino está subvalorado, prevalece el machismo y la jerarquía masculina, y la sexualidad de las mujeres es concebida como espacio de dominio y ejercicio de poder masculino.

En el Perú, entre febrero 2003 y septiembre 2005, la prensa registró 265 casos de feminicidio. En muchos de estos casos la defensa acude a la figura penal de “homicidio por emoción violenta”, lo cual constituye un atenuante y disminuye la sanción penal.

 
 
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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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