Bajo La Lupa 11
Revista Mensual
de Analisis y Propuestas
N° 11
 
Las mujeres y el poder
La exclusión de la mujer rural
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?
 
 
 
 
Portada

Editorial

MOVIMIENTO DE MUJERES
De la olla común al Foro Social Mundial.

MUJERES AFROPERUANAS
Crónica del racismo.

VIOLENCIA
El golpe de cada día.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN
¿Rubias potoncitas o morenas sexys 90-60-90?.

DERECHOS SEXUALES
El derecho a decidir: seno y reproducción.

ESPECIAL
Plataforma Nacional de la Mujer Peruana.

EDUCACIÓN
Hombres y mujeres: ¿educados para ser iguales?.

MUJERES RURALES
La exclusión de la mujer rural.

DISCRIMINACIÓN LABORAL
Mujeres y trabajo: lejos de la equidad.

MIGRACIÓN
Perú, país exportador ... de mujeres.

REPRESENTACIÓN POLÍTICA
¿Poder femenino?.

POLÍTICAS DE ESTADO
Políticas públicas: Pocos avances, mucho por hacer.

Wikipedia
 
 
 
LA EXCLUSIÓN DE LA MUJER RURAL

El 23% de las mujeres peruanas vive en áreas rurales, y de esa cifra el 64% está en edad de trabajar, dedicándose mayormente a las actividades agropecuarias y viviendo en condiciones precarias. Sus niveles educativos siguen siendo bajos, y alta la tasa de analfabetismo femenino rural, uno de los factores que las mantiene atrapadas en el círculo de la pobreza.

En pleno siglo veintiuno, las mujeres rurales del Perú conviven con problemas que debieron haber sido largamente superados, como:

  • Indocumentación y la consecuente  exclusión del ejercicio de derechos.
  • Precario acceso a los servicios de salud, educación y vivienda digna.
  • Escasas oportunidades de  capacitación y por tanto de generación de recursos.
  • Inequidad en la propiedad de la tierra y el agua.
  • Debilidad para organizarse y actuar en los espacios públicos.
  • Violencia psicológica, física y sexual.
  • Embarazos tempranos no deseados.

Sobre sus hombros se concentran responsabilidades familiares, que combinan cotidianamente con sus labores productivas, sin recibir ningún reconocimiento simbólico ni económico a cambio.

Una deuda pendiente

Para nadie es novedad la desatención y abandono del mundo rural  peruano. A pesar de  abastecer de alimentos a las ciudades y concentrar cerca del 28% de la población del país, las zonas rurales constituyen los sectores más olvidados, donde se concentran los mayores niveles de pobreza.

De 1990 en adelante, como resultado de la aplicación de las políticas económicas de corte neoliberal y el proceso de globalización, se incrementaron las brechas de inequidad y se deterioraron aún más las condiciones de vida en el campo.

El impacto sobre las mujeres ha sido severo. Y pese a que más recientemente se ha registrado en términos macro-económicos un crecimiento sostenido, la situación de la mayoría de peruanas y peruanos no ha mejorado, lo que se refleja en las cifras de pobreza siempre presente en la agenda de los debates políticos y del gobierno. Pero frente a la cual aún no se han desarrollado políticas integrales.

Alan Garcia

Las mujeres rurales tienen poco acceso a los recursos productivos y económicos, como tierra, agua, crédito, tecnología e insumos agrícolas. Y su participación en los espacios de toma de decisiones es muy limitada, pese a que participan en todo el proceso productivo.

En 1994, sólo el 4.7% de las pequeñas productoras rurales contaba con un título de propiedad debidamente registrado, frente a un 14.7% de hombres que sí lo tenían. Un conjunto de factores limitan el acceso de las mujeres a los recursos, entre ellos, la indocumentación (El 34% no tendría partida de nacimiento, es decir, están en situación de  indocumentada absoluta). Contribuyen a la indocumentación de las mujeres rurales, cuestiones económicas, administrativas, geográficas, y de índole cultural: se considera al hombre como el representante de la familia, y por consiguiente el único que requiere documentarse, votar, hacer gestiones comerciales.  Esta situación profundiza la marginación y exclusión de las mujeres rurales, y su dependencia frente al varón.

Vientos de cambio

Hoy, las mujeres rurales, indígenas, campesinas, están redoblando esfuerzos por salir del silencio y la invisibilidad en que el ordenamiento político, socio-económico y cultural del país las colocó. Están tomando iniciativas para articularse y converger con diversos movimientos sociales para poner en diálogo su agenda con las otras existentes.

En espacios antes de dominio masculino, sus voces se están dejando escuchar. Lo vienen haciendo a través de lideresas de gremios históricos como la Confederación Campesina del Perú (CCP) y la Confederación Nacional Agraria (CNA), y desde organizaciones formadas recientemente como la FEMUCARINAP. Ellas han puesto en blanco y negro demandas donde se combinan reivindicaciones ligadas al derecho a sus territorios y acceso a recursos, como el respeto a sus derechos sexuales y reproductivos. Y en esta línea está su reclamo por justicia y reparación para las mujeres víctimas de violencia sexual en el periodo de guerra interna, y su lucha por la propiedad de la tierra, el acceso al agua y la soberanía alimentaria; así como la exigencia de  políticas con enfoque de género para enfrentar el cambio climático, los efectos negativos del TLC y la crisis económica actual.

    Porcentaje total de productores/as rurales según régimen de tenencia de tierra por sexo  
    Régimen de tenencia Costa Sierra  
    Mujeres Hombres Mujeres Hombres  
    Título debidamente registrado 7,5% 28,1% 4,7% 14,7%  
    Título no registrado y en trámite 5,9% 30.0% 6,7% 21,0%  
 

Ellas no se ven como beneficiarias de los programas de ayuda social que para el gobierno parecen ser la medicina para enfrentar la pobreza. Se asumen ciudadanas con derecho a vivir libres de toda forma de violencia, aspecto crucial en sus demandas pues la opresión de género es un sello que marca las relaciones entre hombres y mujeres en las zonas rurales, generando postergaciones y falta de oportunidades que limitan su desarrollo, autonomía y liderazgo.

En el meollo del asunto

Ante este escenario, urge que el Estado Peruano coloque los derechos en una dimensión más desafiante para la construcción de la ciudadanía, en particular de las mujeres rurales, dadas las inequidades, marginación y exclusión que enfrentan. Entre otros retos, ello implica:

  • Garantizar el acceso de las mujeres a la propiedad de  tierra,  al agua, al crédito en condiciones favorables, a la tecnología y capacitación técnica; así como su derecho a la identidad como piedra angular para el acceso y ejercicio de los derechos civiles y políticos.
  • Mejorar su acceso a servicios de salud con calidad y con enfoque intercultural, y garantizarles una vida sin violencia con medidas que la protejan.
  • Desarrollar procesos de fortalecimiento de capacidades de las productoras rurales e iniciativas económicas generadoras de ingresos, para que se constituyan en agentes de su propio desarrollo a partir de lo cual será posible la vigilancia social, la exigibilidad  y salvaguarda de sus derechos.
  • Fortalecer sus organizaciones y el movimiento de mujeres rurales, para que mejoren el impulso y lucha de sus propias agendas y demandas.
  • Promover y fortalecer los procesos de autoafirmación personal, porque es a partir de estos procesos de cambio y del reconocimiento de sus potencialidades que las propias mujeres toman sus decisiones y se plantean nuevos proyectos de vida.
  • Evaluar el costo en sus vidas de las actuales políticas sociales y económicas y de fenómenos como el calentamiento y cambio climático, para la protección y fomento de sus derechos económicos y productivos.

En suma, urge implementar una política redistributiva con equidad a partir del reconocimiento de la diversidad de nuestras sociedades, en especial de la rural. Sólo cuando las mujeres rurales estén incluidas como sujetas de derecho será posible decir que se están ampliando las bases democráticas en el Perú y palabras como igualdad y no discriminación se llenarán de contenido.

 

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Bajo La Lupa N° 16

 

 
 
Última actualización 11-May-2010
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