¿Recuerda usted el nombre de nuestra Segunda Vicepresidenta? Seguramente no: su relevancia es casi nula. ¿Se eligió alguna presidenta regional? Ninguna, aunque en el periodo anterior fueron cuatro y ahora Nelly Saldarriaga reemplaza a Yehude Simon en Lambayeque. Hay también muy pocas alcaldesas mujeres, a nivel provincial apenas tres de 194.
La presencia de las mujeres en las cúspides del poder político todavía es muy limitada. No sólo en el Perú: en Latinoamérica, hoy hay apenas 2 presidentas mujeres (en
Argentina y
Chile). La mayoría de países nunca ha tenido una presidenta mujer. En
Estados Unidos,
Rusia,
China,
Francia,
España,
Japón,
Brasil y
México, nunca ha habido un presidente o jefe de gobierno democrático que haya sido mujer. Tampoco nunca las
Naciones Unidas han sido dirigidas por una mujer.
Aunque hoy estamos acostumbrados, no siempre las mujeres pudieron votar. Recién en 1893 un país admitió el voto femenino: Nueva Zelandia. Gran Bretaña y Estados Unidos, tras una fuerte lucha de las mujeres llamadas “sufragista”, otorgaron este derecho entre 1918 y 1920. En el Perú, fue recién en 1955 que se aprobó el voto femenino. Pero todavía en la Asamblea Constituyente de 1978 – dicho sea de paso cuando por primera vez votaron los y las analfabetas - , sólo hubo 2 mujeres.
Permitir el voto y la elección de mujeres abrió las puertas a la participación política de la mujer, pero muchas otras barreras hacen difícil atravesar el umbral electoral. Desde las desigualdades económicas y la discriminación en el trabajo, a la propia concentración del poder entre los hombres, que tiende a perpetuarse y reproducirse.
Hecha la ley…
La aprobación de la ley de cuotas, que establece que en las listas electorales debe haber al menos 30% de mujeres, ha favorecido un avance importante. No somos al respecto una excepción: 11 países latinoamericanos tienen leyes de cuotas para la participación electoral femenina. Hoy hay en nuestro país 34 congresistas mujeres, el 28% del total, frente a 18% en el periodo anterior.
Pero la ley de cuotas tiene su “trampita”: los partidos están obligados a poner al menos 30% de candidatas mujeres, pero pueden ponerlas en cualquier lugar de la lista…y suele ser al final. El llamado “voto preferencial” hace que siempre puedan hacer su campaña y ser elegidas. Pero ahora en el Congreso se discute un proyecto de ley para eliminar el voto preferencial, con lo que las mujeres que sean relegadas al final de la lista, muy difícilmente saldrían elegidas.
La alternativa que se ha planteado es la “alternancia”: que no se pueda arrimar a las mujeres al final de la lista, sino que tenga que irse alternando hombres y mujeres en la misma. Pero el Congreso no está priorizando esa opción.
Otras mujeres en el Congreso
La representación política de las mujeres en el Perú sigue siendo minoritaria, pero, aún bajo condiciones de discriminación, se ha ido ampliando, particularmente en el Congreso nacional. Ahora, hay, además, mujeres de otros grupos sociales y étnicos, lo que no había habido en décadas anteriores.
En el 2001 fue elegida Paulina Arpasi. Hoy, un grupo importante de congresistas provincianas son de extracción indígena: Hilaria Supa, Juana Huancahuari, Yaneth Cajahuanca, María Sumire, Margarita Sucari. De la selva vienen dos dirigentes cocaleras, Elsa Malpartida (parlamentaria andina) y Nancy Obregón. La enorme mayoría de ellas han sido elegidas por el bloque
UPP-PNP, con una posición política de izquierda, asentados en la sierra centro y sur del país.
Incluso llama la atención que la representación de estos grupos étnicos quechuas y aymaras – todavía no hay mayor representación de indígenas de la selva – sea, hoy, principalmente de mujeres. Han sido ellas las que han dado la batalla porque en el Congreso peruano se respete lo que dice la Constitución: que el quechua es también un idioma oficial del estado peruano. En este sentido, empezaron a combatir la discriminación étnica que existía en el propio Congreso, y que como se sabe es doblemente fuerte hacia las mujeres indígenas. En este caso, otra representante femenina, Martha Hildebrandt, del fujimorismo y de claro talante autoritario, ha sido la abanderada del intento de mantener esta discriminación y “supremacía criolla” en el congreso nacional.
También entre los grupos afroperuanos, la representación es hoy femenina, con Martha Moyano y Cenaida Uribe, aunque ya habido antes congresistas hombres como José Luis Risco.
Otro grupo son representantes de extracción popular y provinciana, no estrictamente indígenas. Gloria Ramos, Marisol Espinoza, Elizabeth León, elegidas por
UPP-PNP, pero también en otras tiendas políticas han surgido representantes populares.
Es, en ese sentido, una representación de otro sector femenino que no había habido antes en el Congreso nacional, y que no ha llegado todavía a presidir gobiernos regionales o alcaldías importantes. Es decir, las mujeres indígenas logran ser elegidas en virtud de voto preferencial en listas con varios candidatos, pero todavía no como “cabeza” de lista.
Lucha constante
A pesar de ello, la modificación es sustancial. Así, en esta década lo que se observa no solamente es una continuidad de un proceso que tiene ya casi 30 años, de ampliación de la representación femenina. Este proceso sigue adelante, impulsado por los mayores niveles de educación de las mujeres, por sus avances en cargos de responsabilidad en la economía y la sociedad, y por la propia lucha política de las mujeres. Pero hay además un cambio cualitativo: sectores de mujeres históricamente excluidas por partida triple, por ser pobres, por ser indígenas y por ser mujeres, han empezado a tener representación propia.
Durante muchos años, la representación femenina y la lucha por la equidad de género fue un asunto principalmente de las mujeres intelectuales de clase media de Lima y los grandes centros urbanos. Hoy, eso ha cambiado, y son más bien las mujeres populares e indígenas las que encabezan la representación femenina.
Con las múltiples fracturas que existen en el Perú, la agenda de este nuevo sector de mujeres es más amplia y compleja que el de las mujeres de clase media urbana. Las demandas por la equidad de género se cruzan con las necesidades de la lucha contra la pobreza, el centralismo, la explotación antinacional de nuestros recursos naturales y la discriminación y exclusión contra las culturas autóctonas y los grupos indígenas. Pero, seguramente, en ese contexto más complejo es también que la agenda de las mujeres indígenas y populares en el Perú adquiere mayor sentido. |