Mejor Ollanta una vez que Fujimori cuatro veces

Mejor Ollanta una vez que Fujimori cuatro veces

bll-especial06-02-06-2011

Por Augusto Ortiz de Zevallos

Porque Keiko fue parte (y primera dama) de esos tres gobiernos de Fujimori: el inicial interesante, el segundo golpista y dictatorial que corrompió y asumió todos los poderes y se los llevó al SIN. Y el tercero fraudulento, tras la vergonzosa “elección” del 2000. Y en esta campaña no solo no los objeta sino que los reivindica. Y se hace acompañar del mismo elenco.

Porque Ollanta no ha sido ni gobierno ni corrupto ni corruptor.

Porque los miedos que se fabrican con sofismas asombrosos como este: ¿qué garantías tenemos los peruanos de que Ollanta no hará lo que Fujimori hizo? Y que ya sabemos que se hará de nuevo, pues según Martha Chávez Fujimori es inocente y el culpable es el presidente del PJ que se atrevió a condenarlo. Y según esa misma y asombrosa ex presidenta del Congreso, el Ejecutivo puede, y debe, cerrar el Congreso si le parece (y ahora, con 10 parlamentarios menos que Ollanta y sin mayoría posible, sin duda busca repetir el 92).

Porque con Fujimori, Keiko gobernará Fujimori, Alberto, el jefe de la dinastía y de esta campaña hecha y controlada desde la insólita chacra de cinco estrellas que tiene en la Diroes. De donde saldrá inmediatamente, y probablemente acompañado de Vladimiro Montesinos, para gobernar.

Porque cuando Montesinos y Fujimori no hubo PJ, porque los fallos se redactaban en el SIN; ni Fiscalía, salvo para los enemigos; ni Poder Electoral, porque Portillo cocinaba las ánforas y los cómputos; ni Legislativo, pues todo se manejaba con bipper para los propios y con transfuguismos para comprar los ajenos. Ni hubo el Cuarto Poder de la prensa pues, como todos vimos, se compraba periódicos enteros, canales de TV y toda clase de titulares con lluvia de  dólares en cajas de leche.

Y se inventaba en ellos desde vírgenes llorando hasta todos los posibles infundios, plagando los quioscos con una carroñera que consiguió el 2000 tumbar primero a Andrade y después a Castañeda, pero ya no pudo con Toledo, y entonces hubo ese fraude para perpetuar indefinidamente ese régimen. Con la complicidad de Hugo Chávez, quien, al caerse todo y aparecer la presidencia digna y limpia de Valentín Paniagua, protegió y escondió a Montesinos, mientras pudo.

Porque los peruanos tenemos memoria y dignidad, porque incluso los muy pobres ya disciernen mucho más de lo que creen los autoritarios, y no se les compra con miedos, polos, leche y galletas, en vez de ideas y propuestas de inclusión.

Porque nuestros jóvenes no se merecen esto. Y en todo caso, como nos dijo Serrat en Lima antes de que la derecha primaria le boicoteara su recital, habrá que preferir el miedo a la vergüenza. Hoy no hay que tener miedo a un Ollanta decantado y que visiblemente ha dejado atrás las dicotomías simplistas y los esquematismos del etnocacerismo de otros Humala, y eso se evidencia en los apoyos reflexivos y políticamente generosos que ya recibe de políticos de trayectorias democráticas y con representatividad. Me refiero a Toledo, Fuerza Social, Acción Popular, Yehude Simon, Somos Perú, César Acuña. Y de la izquierda madura.

La democracia, ante esta dicotomía, no tiene dudas. Prefiere a Ollanta bien acompañado. Y esto se evidencia en la apertura al diálogo con personajes importantes de la civilidad como Beatriz Merino.

Porque los programas de gobierno, en el mundo entero y en democracia, pueden corregirse y se corrigen y ajustan. Esto se hace hoy en Inglaterra, entre conservadores y liberales; en España entre socialistas y regionalismos vascos, canarios o catalanes; en Alemania, entre democristianos y liberales. Así se afianzaron las democracias chilena y española, así se reinventó Lula, para crecer enormemente con un país socialmente en paz. Una cosa es el programa-base de un partido y otra el programa de la gobernabilidad que emerge, para quienes respetan las ánforas, de lo que mandan las ánforas. De los resultados que llevan a conformar mayorías.

Ollanta, como demócrata y ya no como caudillo totémico, debe sumar y no aislarse, y eso vuelve lógico lo que ha ocurrido y legitima a plenitud sus compromisos adicionales asumidos con la democracia, con el Acuerdo Nacional y con figuras que todos respetamos.

Porque la izquierda moderna y ya no dogmática como fue la nuestra (esa que el tan lúcido como querido Carlos Iván Degregori decía que se había suicidado el 90) cuando se pluraliza gobierna bien y hace crecer a los países. Lagos y Bachelet lo hicieron, lo ha hecho notablemente Lula. Lo hacen Mujica en Uruguay y Lugo en Paraguay. Y no lo hace Chávez, cuya dictadura tiene la misma entraña que la de los Fujimori.

Porque no hay que creer en la ceguera reiterada y rentista de nuestra derecha, que cree todavía en Odría y en racismos selectivos. En exclusiones, en guetos y en que todos los caminos conducen a Miami.

Porque esta vez tiene razón MVLL, además de su coraje de siempre, en marcar distancias con quienes lo usaron y traicionaron cambiando libertades por ventajas, silencios y favores. Para nuestra mediocre oligarquía, como se ve, a Mario hay que invitarlo a todos los cocteles y darle todos los honoris causa para tomarse fotos con él, pero no hacerle caso cuando piensa, opina y escribe, porque entonces es un fabulador.

Porque los políticos oportunistas que ahora se cuelgan de Keiko quieren no perder poder, negocios, y, algunos, impunidad.

Quieren y ofrecen lobbys. Son lobos disfrazados de abuelitas para esta caperucita naranja que va a necesitar ministros con otras caras que las ya conocidas, en esa película que ya vimos y en esos videos que muchos prefieren ignorar y olvidar.

Porque el Perú felizmente ya no se cree que deba seguir la Inquisición. Ni en que haya sido nunca santa. Y sí cree mayoritariamente en libertades personales y en la libertad de elegir sin miedo.

Porque la negligencia con Puno, para que allá no haya elecciones y no se cuenten esos votos estratégicos para Humala, se parece demasiado a lo que se cocinó en la reciente elección municipal, cambiando a última hora las instrucciones para validar actas electorales y apostando a que anulando el 20 % de los sufragios en la periferia de Lima perdiese Susana Villarán. Así que ya conocemos estos cuentos, hoy disimulados como esa vez.

Porque es mejor para nuestros hijos construir futuro, con creatividad, juventud, apertura e inteligencia, que hacer refritos con miedos. Y es mejor tener memoria. Y votar por lo que uno quiere y espera, en un país que quiere cambios y no que todo siga igual.

Porque el Perú de hoy es un reto y una esperanza. Construir esa posibilidad de que hablaba Basadre. Y entender e integrar ese Perú profundo que él siempre reivindicó. Ante esta dicotomía: construir esperanza o cuidar negocios, él no habría dudado.

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