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Perú: Indulto a Fujimori por blindaje político

 Perú: Indulto a Fujimori por blindaje político

bll-articulo06-20-06-2011

Por Carlos Cornejo - Radio Nederland

El gobierno de Alan García está a pocos días de acabar su gestión y podría hacerlo colosalmente.

O lo hace colocando en la bahía de Lima una imagen idéntica al Cristo brasilero de Corcovado de 36 metros de altura, o indultando al ex presidente Alberto Fujimori, acusado de delitos de lesa humanidad. Un final que preocupa a la democracia peruana, aunque no tanto por el Cristo.

Ésta es una historia que puede ser muy latinoamericana, creemos que vale pena contarla.
Un presidente, de un viejo partido socialdemócrata, el APRA, deja el poder: es el presidente Alan García. Gobernó del 1985 a 1990 y llevó al Perú a la bancarrota, a la corrupción extrema y a una incontrolable y creciente violencia al no poder enfrentar con eficiencia a las huestes de Sendero Luminoso.

Dieciséis años después, los peruanos lo volvieron a elegir. Esta parte de la historia es quizá la más latinoamericana de todas, o en su defecto, la más peruana. A diferencia de su primer gobierno, esta segunda experiencia en la Casa de Pizarro está enmarcada en el auge económico más grande que ha tenido el Perú en su vida republicana, con unos índices de crecimiento monetarios sin precedentes y con una reducción de la pobreza a mínimos históricos.

Sin embargo, como en su primera experiencia gubernamental, la lucha contra la corrupción nunca fue su fuerte, si bien él, en lo personal, ha salido bien librado de un sinnúmero de acusaciones en un poder judicial en que alguien con influencias puede salir bien parado. En estos cinco años de su gobierno se ha visto enormes casos de corrupción, donde la máxima parece haber sido “dejar hacer, dejar pasar”, a la luz de la inacción del Estado en la lucha contra dicho flagelo. En su gestión se desactivó la procuraduría anticorrupción y no fueron pocas las denuncias contras su entorno palaciego más cercano. A uno de sus ministros más cercanos se le conoce hasta ahora como “20%”.

En las fauces del lobo

Con estos antecedentes, el entrante gobierno nacionalista puede ser sumamente incómodo para García. El líder aprista no ha sido en absoluto amable con el electo presidente Ollanta Humala. Todo hace prever, a un estilo siempre muy latinoamericano de hacer política, que las denuncias serán una constante, sean ciertas o no, para destruir al adversario de ideas.

En otros tiempos el líder aprista se habría reído, a esa posibilidad le hubiese llamado bravata, pues contando con una bancada grande en el Congreso como la que suele ostentar el APRA, se habría sentido más que protegido. Este quinquenio que termina tuvo 36 “compañeros” que lo blindaron permanentemente. Sin embargo, ahora que deja el poder su partido, tan solo ha conseguido cuatro escaños en el parlamento. Con esa escasa fuerza, escasa será también su protección.

La hipótesis que manejan analistas y periodistas es que García no puede dejar el poder sin parapetarse. Pero, ¿qué agrupación política estaría decidida a servir de escudero del ex presidente? A priori ninguna.
Aunque. ¡cuidado!, mirando con detalle quizá haya una dispuesta a pactar con el líder socialdemócrata. Se trataría de una bancada que no es pequeña: tiene 38 representantes, la segunda fuerza política en un Parlamento de 130 escaños, una bancada disciplinada y aguerrida: La bancada fujimorista.

Los parlamentarios herederos de las formas, estilos y pensamiento de Alberto Fujimori y su hija, la congresista y ex candidata derrotada hace tan solo una semana en las elecciones generales peruanas del 5 de junio, podrían estar dispuestos a negociar el blindaje a García a cambio de lo que para el fujimorismo es hoy central en su juego político: indultar al ex presidente Alberto Fujimori condenado a 25 años por delitos de lesa humanidad.

Hay indicios de que el gobierno estaría buscando el indulto. Hubo, antes de las elecciones, relevos en el Ministerio de Justicia, específicamente en la Comisión de Gracias Presidenciales que debería recomendar el indulto.

El mismo Alan García declaró que correspondía el indulto por razones humanitarias. En el mismo sentido y como si se tratara de un globo de ensayo, el congresista del APRA José Vargas planteó que “cabría el indulto, pues la dignidad de la persona humana prima por encima de toda consideración”.

La derrota de Keiko Fujimori evaporó cualquier posibilidad en torno a que el indulto venga desde un posible gobierno fujimorista. Para empeorar las cosas en tienda fujimorista, al día siguiente de la victoria de Humala y del partido nacionalista, el electo vicepresidente Omar Chehade señaló que lo primero que harán cuando tengan responsabilidades de gobierno es reubicar a Fujimori en una cárcel común, y no en la sede policial donde actualmente está recluido, y que funge de prisión.

El negocio está claro: el indulto a cambio de protección política. Si la hipótesis es cierta, entonces García debe estar en este momento imaginando cómo conceder ese indulto, y que el asunto no devenga en un escándalo de proporciones.
Escándalo porque la ley peruana no concede el indulto para sentenciados por delitos de lesa humanidad. Sí podría concederlo por razones humanitarias, según la cual un moribundo privado de su libertad sería trasladado a su casa a cumplir con detención domiciliaria mientras la enfermedad deviene en la muerte. No es el caso de Fujimori.

Un dato más: el indulto no actúa de oficio en el Ministerio de Justicia; tiene que ser solicitado por alguien. Hacerlo, significaría pedir clemencia reconociendo culpabilidad, algo que los fujimoristas hasta ahora se han negado a hacer. Y otro más: si un médico cercano al ex presidente declara la enfermedad terminal, las víctimas del caso que llevó a Fujimori a prisión podrían pedir revisión del caso médico, lo que estaría a cargo del estatal Instituto de Medicina legal. El caso no es fácil.

Enfermedad: cuento o realidad

La semana en Lima comenzó siguiendo el sentido de los rumores. Las noticias daban cuenta de un Fujimori enfermo, con quince kilo menos, con una salud deteriorada y con empeoramiento de sus lesiones bucales precancerosas.

Voceros llegando al hospital con cara preocupada, saliendo con aspecto compungido, movilización de simpatizantes en los exteriores el hospital, es decir y siguiendo la hipótesis de analistas como Juan Carlos Tafur, director del matutino Diario 16 de Lima, que se estaría preparando un escenario que justifique un indulto por motivos de salud. Nada más conveniente a García que un presidente enfermo. Todo fue filmado, entregado a la prensa para su difusión, declaró su médico, el también congresista Alejandro Aguinaga, quien dijo que la situación “está complicada”, con gesto adusto por supuesto.

Nadie de buena voluntad en el Perú quiere a un enfermo terminal o moribundo pasando sus últimos días en una cárcel pero, ¿qué tan enfermo está el ex presidente Alberto Fujimori? ¿Tanto como para un indulto? En meses de intensa campaña su salud nunca se resquebrajó. Una semana después de la derrota electoral de su agrupación, ¿ya es un enfermo terminal?

Estamos, según quienes desarrollan este escenario, ante una gran historia latinoamericana, con las tropelías habituales de una clase política, la peruana, dispuesta a pactar cualquier cosa de espaldas a uno de los males estructurales de la sociedad peruana: la impunidad.

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