Compleja situación del narcotráfico en el Perú

Compleja situación del narcotráfico en el Perú 

bll-articulo06-14-07-2011

Por Carlos Cornejo - Radio Nederland

El informe de Naciones Unidas sobre el narcotráfico en el Perú le plantea un complejo escenario al Presidente electo Ollanta Humala. ¿En qué terrenos se moverá el nuevo mandatario para hacerle frente al fenómeno de las drogas? Les planteamos las siguientes.

El Informe del 2010 de las Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) confirmó hace unos días la situación crítica del Perú en materia de lucha contra el narcotráfico. Los cultivos de coca en el Perú han aumentado por quinto año consecutivo.

Un situación que se complica año tras año por la por la inacción o la pobre acción gubernamental –que en el fondo es lo mismo- en las estrategias creadas para enfrentar el flagelo, a la luz del informe UNODC. Desde hace 30 años aproximadamente las redes mafiosas del narcotráfico operan en el Perú, sus tentáculos se extendieron penetrando peligrosamente las ya de por sí débiles estructuras institucionales peruanas.

¿Con qué armas contará y cuáles desplegará el nuevo gobierno de Ollanta Humala, quien el 28 de julio será investido como Presidente de la República? El gobierno del aprista Alan García despide su quinquenio con paupérrimos resultados en la lucha contra las drogas, ni un solo barón de las mafias detenido y un país que pasó de ser un país únicamente productor de la hoja de coca, - insumo básico para la cocaína-, a ser un exportado de la droga blanca a gran escala con laboratorios y cárteles, principalmente mexicanos, operando en el Perú con absoluta impunidad.

Hoja de coca y cocaína en el Perú.

A inicios de la década, el año 2000, Perú tenía 35,000 hectáreas cultivadas de hoja de coca. En el 2005 el país tenía una superficie de cocales de 48,200 hectáreas. En 2009 esa cifra se elevó a 59,900 hectáreas. En la actualidad la cifra es de 61,200 hectáreas.

El informe de UNODC señala que los cocaleros han mejorado el rendimiento. Ahora en la misma hectárea de hoja de coca se puede obtener el triple de materia prima para hacer la cocaína que hace 10 años. Técnicas mejoradas de abonos y riego han permitido este avance. También es cierto que quienes procesan el clorhidrato ahora necesitan menores volúmenes de hoja con los actuales procesos de transformación química más eficientes y modernos.

El Informe de la ONU señaló que el Perú aumentó en el 2010 un 2% y llegó a las 61,200 hectáreas de cultivo de hoja de coca, frente a las 62,000 de Colombia, que en cambio disminuyó en casi 15% la superficie de cultivos ilícitos.

La estimación de cocaína para el 2010 fue de 330 toneladas (22 toneladas más que en el 2008). Colombia produjo 350. La fuerte presión que ejerce Colombia contra el narcotráfico está haciendo que los cultivos de coca erradicados allí se estén trasladando al Perú y Bolivia. La inacción gubernamental significa que ser traficante de drogas en el Perú es muy fácil, es por eso que el narcotráfico en los valles de la selva peruana es más robusto.

Si el Perú alcanzó a Colombia en cuando a hectáreas de hoja de coca cultivada es por falta de voluntad política y de estrategias serias para combatir el narcotráfico, señalan en Lima múltiples analistas.

Sin embargo estas cifras, que podrían ser desalentadoras para le gestión de DEVIDA, el organismo nacional peruano que articula las políticas públicas de lucha contra el narcotráfico desde diversas trincheras, no son leídas de la misma manera. Rómulo Pizarro ex ministro del Interior y actual jefe de esta oficina considera positiva la desaceleración del ritmo de expansión de los cultivos ilícitos de coca, que según las Naciones Unidas pasaron del 6,8% en el 2009 al 2,2% en el 2010

Esa reducción pequeña, pero interesante en el contexto, está asociada a las campañas de erradicación y a la aplicación de programas de desarrollo alternativo que ha ido acompañada del hartazgo de los agricultores cocaleros de vivir en la zozobra que les generaba estar entre los fuegos de la represión militar y de los narcos, y la cooperación económica extranjera. Cooperación económica de Estados Unidos –por cierto-, que ha bajado y la europea que todavía no llega, según Pizarro de DEVIDA. En ese sentido las cifras son lapidarias: el negocio del narcotráfico inyecta en la economía peruana entre $2,000 y $2,500 millones anuales. El Estado peruano dedica $418 millones en sus distintas políticas antidrogas. Insuficiente a todas luces.


Humala y sus señales.Rubén Vargas, analista independiente en tema de drogas, señaló hace unos días para el diario El Comercio de la capital peruana: “Tenemos más de una década en que los cultivos ilícitos de hoja de coca han ido creciendo de manera sostenida sin que los gobiernos de turno se hayan interesado en frenar esa situación". Y razón no falta. Lo que no existe es una política de Estado para encarar el problema de las drogas. Lo que existe es la aplicación de la política antinarcóticos de los Estados Unidos que ha fracasado en todo el planeta.

En ese contexto el electo Presidente Ollanta Humala asume la responsabilidad de liderar la lucha contra las drogas. Uno de los temores que existe respecto del electo presidente peruano es su origen militar. La complejidad del problema podría, según algunos analistas, llevar a radicalizar la opción militarista para acabar con el narcotráfico. El escenario sería de horror; zonas de guerra, militares en una suerte de “Vietnam” andino en donde las víctimas civiles suelen ser las más perjudicadas en estos conflictos. Una experiencia que ya se ha probado en la región y que no dado buenos resultados.

Frente a esa hipótesis, hay que reconocer que lo ocurrido en estos últimos cinco años en el Congreso de la República parece indicar otros derroteros. El partido Nacionalista, creación del propio Humala, tuvo a sendas representantes de los agricultores cocaleros, abiertamente opuestas a la interdicción de cultivos.

Vieja receta

Entre líneas Humala daba la sensación de clocarse cerca de entender el problema de la coca desde una perspectiva que privilegiaba los cultivos alternativos frente a la erradicación forzosa y a la militarización del problema. Más de una vez Humala señaló en entrevistas periodísticas el papel más activo que debían asumir los mercados consumidores, dígase Europa y los Estados Unidos, y en correr con su cuota de corresponsabilidad en torno a este tema. En algún momento planteó la posibilidad de vender la producción entera de coca a los Estados Unidos para que ese país decidiera qué hacer con ella: venderla, quemarla o tirarla al mar.

Vieja receta de los 80s que no haría otra cosa que quintuplicar la cantidad de cultivo de hoja de coca en los valles selváticos teniendo en cuenta además que este cultivo depreda rápidamente la tierra, la degrada y vuelve improductivas en el mediano y largo plazo todas esas hectáreas de tierra.

Como en casi todo Humala sigue siendo una incógnita. Su programa de gobierno habla de sustitución de cultivos. Sin embargo las veces que sus planes de gobierno u hojas de ruta, -como él los ha llamado-, han sido enmendados, hace muy difícil prever cualquier paso a seguir.

Lo que sí está claro es que el narcotráfico, lejos aún de parecer a la situación planteada en México, comienza a mostrar signos de penetración muy fuerte en las instituciones peruanas. Su poder corruptor es tan grande que es capaz de debilitar estructuras no muy sólidas como las de la institucionalidad peruana. Esto es importante en la medida en que una de las principales promesas de campaña del hoy presidente electo Ollanta Humala es la lucha frontal contra la corrupción. Estructuras institucionales atravesadas por al narcotráfico difícilmente pueden quedar fuera de una cooptación semejante. Humala necesita dinero y ser eficiente. Lo primero no lo tiene y lo segundo recién se sabrá en unos meses.